Ni el corazón ni el cerebro. Este es el órgano más sorprendente de tu cuerpo.
Cuando pensamos en los órganos más importantes del cuerpo, casi siempre vienen a la mente el corazón o el cerebro. Sin embargo, hay otro que trabaja día y noche, realiza cientos de funciones indispensables y tiene una capacidad que parece sacada de la ciencia ficción: puede regenerarse. Se trata del hígado.
Este órgano pesa alrededor de kilo y medio y es una auténtica central de operaciones. Cada día produce la bilis, una sustancia que ayuda a digerir las grasas; fabrica proteínas esenciales para el organismo, incluyendo las que permiten la coagulación de la sangre; almacena glucosa para que el cuerpo tenga energía cuando la necesita, y también guarda vitaminas y minerales importantes, como el hierro y las vitaminas A, D, E, K y B12.
Además, participa en el procesamiento de medicamentos, alcohol y otras sustancias para que el organismo pueda aprovecharlas o eliminarlas de forma segura. En otras palabras, trabaja sin descanso las 24 horas del día.
Pero quizá su característica más sorprendente sea su capacidad de regeneración. Si una parte del hígado se pierde por una cirugía o una lesión, el tejido restante puede crecer y recuperar gran parte de su tamaño y función. Muy pocos órganos del cuerpo tienen una habilidad semejante.
Precisamente por esa función de procesar y eliminar sustancias, muchas personas creen que el hígado necesita "desintoxicarse" de vez en cuando. En realidad, un hígado sano ya realiza esa tarea todos los días. No existe evidencia sólida de que las llamadas dietas, jugos o productos "detox" limpien el hígado. Lo que realmente ayuda a mantenerlo sano es llevar una alimentación equilibrada, limitar el consumo de alcohol, mantener un peso saludable, hacer actividad física y evitar la automedicación.
Sin embargo, incluso un órgano tan resistente tiene sus límites. El exceso de alcohol, la obesidad, algunas enfermedades metabólicas, ciertos medicamentos y las infecciones por virus de la hepatitis pueden dañarlo. Lo más preocupante es que muchas enfermedades hepáticas avanzan durante años sin causar síntomas evidentes. Cuando aparecen señales como coloración amarilla de la piel, hinchazón del abdomen o sangrados, el daño puede ser importante.
Cuidar el hígado no significa hacer "limpiezas" milagrosas, sino proteger este órgano extraordinario que trabaja en silencio para mantenernos con vida. Y entre las enfermedades que más pueden afectarlo están las hepatitis. Aunque comparten el mismo nombre, no todas son iguales: algunas desaparecen por sí solas, mientras que otras pueden volverse crónicas, provocar cirrosis, favorecer el desarrollo de cáncer de hígado e incluso poner en riesgo la vida.
