Imagen Vacuna vs. Covid-19 ¿Cómo se desarrolló tan rápido?

Vacuna vs. Covid-19 ¿Cómo se desarrolló tan rápido?

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El 11 de marzo del año pasado, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaraba al nuevo coronavirus como una pandemia mundial. A un año de distancia, los fallecimientos por esta causa ya superan los 100 millones de personas en todo el mundo. Por ello era vital desarrollar una vacuna contra el COVID-19 lo antes posible.

Desarrollar vacunas desde un principio toma años de investigación y pruebas clínicas; sin embargo, en este caso se hizo en pocos meses. Para diciembre del 2020, la Administración de Drogas y Alimentos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó la primera vacuna contra el COVID-19, desarrollada por Pfizer y Moderna, y poco tiempo después se han ido aprobando otras.

Este corto periodo de tiempo no significa que los protocolos científicos para aprobar las vacunas se hayan omitido, o que hayan sido menos rigurosos. La fase III de estudios clínicos se tiene forzosamente que hacer para conseguir la aprobación de las agencias sanitarias de los países más desarrollados.

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La realidad es que fue posible desarrollar la vacuna en tan pocos meses debido a que se tenía cierto avance en coronavirus similares, como el SARS y el MERS, que tienen muchas similitudes con el SARS-CoV-2, causante del Covid-19; entre ellas su forma de corona con espículas y haber sido trasmitidos de un animal al ser humano. Para el SARS y el MERS no se ha trabajado con tanta premura en la búsqueda de una vacuna, pues no resultaron ser una devastadora pandemia, como la que estamos viviendo. De modo que, parte de los estudios científicos y el conocimiento en general que se requirió para crear las vacuna ya se tenía, ya que se había adelantado estudiando a estos coronavirus similares.

Por otra parte, las nuevas tecnologías al servicio de la ciencia permitieron acelerar el proceso; tal es el caso de las vacunas de ARN mensajero, que para desarrollarse no requirieron de la producción de gran cantidad de virus, pues la técnica para provocar la inmunidad del paciente es diferente a la de las vacunas de virus atenuado, por ejemplo.

Esta proeza científica tomó un enorme esfuerzo y dedicación por parte de organizaciones de salud, investigadores científicos, gobiernos y farmacéuticas, todos en una carrera contra el tiempo y con la mirada puesta en un solo objetivo. Esto por no mencionar la enorme cantidad de recursos económicos que se han invertido, no solamente para desarrollarlas, sino también para llevar a cabo la labor titánica que implica fabricarlas para miles de millones de personas y distribuirlas en tiempo récord por todo el mundo.