¿Tú qué quieres? Tener la razón o ser feliz

Por Eduardo López / Psicoterapeuta e instructor de Kung Fu, Tai Chi y Chi Kung médico / Sukkhaholistic

– Maestro ¿cuál es el secreto de la felicidad?

– No discutir con idiotas

– ¡No estoy de acuerdo en que ese sea el secreto!

– Tienes razón…

Aunque la anterior conversación entre alumno y maestro tenga un tinte gracioso, no deja de ser una gran verdad, aunque yo cambiaría el no discutir con “idiotas”, por un “no discutir a lo idiota”, y díganme: ¿cuántas veces no sienten ustedes que han caído ahí?

Abordémoslo en esta ocasión desde el contexto de las relaciones interpersonales, ya sea con nuestros padres, madres, esposas, esposos, hijos, etc.

Partamos desde una premisa básica,  cada persona ve al mundo a través de su propia percepción, para ponerlo en palabras simples, es como si todos lleváramos unos anteojos y los lentes estuvieran teñidos de distintos colores para cada quien. Puede que los míos sean azules, pero tal vez los tuyos son rojos, ¿estás de acuerdo que ambos veríamos el mundo teñido de distinta manera?.

El siguiente cuento lo ilustra mejor:

En alguna ocasión en algún lejano reino vivían cuatro sabios. Estos hombres tenían la peculiaridad de ser ciegos, se les llevó un elefante y les pidieron que describieran cómo era este elefante, uno de ellos dijo que era como una cuerda (había tocado sólo la cola), otro lo describió como un árbol (había palpado las patas), uno más lo describió como una serpiente (le había tocado la trompa) y el último lo describió como un gran pico afilado (le tocó un colmillo), al final terminaron peleando y discutiendo entre ellos, pues cada uno afirmaba y defendía su “verdad”.

Ahora yo te pregunto: ¿Cuál de ellos estaba en lo cierto? La respuesta es Todos y Ninguno, cada uno poseía un poco de verdad, sin embargo, ninguno tenía el panorama completo.

Entonces a menos que tu deseo por tener la razón se vuelva un obstáculo, podemos aceptar:

  1. Que cada persona ve el mundo desde su perspectiva (dependiendo de su crianza, sus creencias y otros factores).
  2. Que no todos deben pensar como yo, o ver la misma “verdad”.
  3. Que podemos abrirnos a la posibilidad de ¡no tener la razón! Al menos no siempre. (probablemente esta sea la más difícil).

Tenemos una necesidad compulsiva de tener la razón, y somos capaces de perder nuestra tranquilidad o nuestra felicidad por defender a capa y espada algo, puede ir desde la discusión más simple, hasta el debate más complejo.

Eres capaz de discutir con tu esposa sobre dónde fueron las vacaciones hace 4 años, en vez de recordar lo bien que la pasaron; somos capaces de discutir con nuestros colegas de trabajo sobre quién cometió tal o cual error, en lugar de enmendarlo o corregirlo; eres capaz de detener el tráfico sólo por no dejar pasar al que va “mal”, sin pensar que de esa manera tú y todos los otros llegarán más tarde; bueno, incluso entrando a los terrenos escabrosos de la psicología, somos capaces de generarnos cierto tipo de situaciones con tal de darles la razón a nuestras creencias limitantes, creencias como: “todos los hombres o mujeres son iguales”, pueden hacerte caer siempre con el mismo tipo de pareja, o “nunca nadie me va a querer”, buscarás a quienes te rechacen, “tengo la peor suerte del mundo” y te meterás en problemas, o “nunca consigo lo que quiero”, y en efecto no lo harás, etc. A este tipo de situaciones se les llama profecías auto-cumplidas, y se cumplen porque así lo decidimos nosotros.

Thich Nhat Hanh, un monje zen vietnamita, comenta en sus libros que incluso la misma idea que tenemos de cómo “debe ser la felicidad”, muchas veces es la que impide que seamos felices, incluso en ocasiones ya lo somos, y sin embargo no nos damos cuenta, por que las cosas no son como aquella idea que teníamos en nuestra mente.

Tal vez ha llegado el momento de dejar de pelear por todo, de abrirnos a nuevas posibilidades, de desapegarnos de nuestras ideas, abrirnos a nuevas visiones y verdades, escuchar atentamente a nuestros esposos, hijos, hermanos o amigos, no encerrarnos en nuestras visiones, y tratar de tocar al elefante completo, de dejar pasar alguno que otro error sencillo.

Te invito a realizar 2 ejercicios sencillos, que cuando no olvido practicar, me traen muchos beneficios.

Pregúntate constantemente si en verdad lo que ves, o como ves las cosas, es la realidad, tú mismo di: ¿será realmente como lo estoy viendo o sintiendo? (créeme, no siempre lo que hace la gente o lo que pasa en la vida es de la manera que lo estamos percibiendo).

El segundo ejercicio es simplemente, cuando estés discutiendo por algo, cuando estés molesto con alguien cercano, o en una situación incómoda, pregúntate:

¿quiero tener la razón o ser feliz?

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