Soy un adicto; testimonio

Artículo proporcionado por

Fundación Casa Nueva

www.fundacioncasanueva.org.mx

 

Mi nombre es A. M. Actualmente tengo 29 años, una carrera terminada y otra por concluir, soy consejero en adicciones y estoy a punto de casarme con la mujer que amo. Pero nada de eso se hubiera logrado de no ser por Fundación Casa Nueva, y es aquí donde empieza la historia de mi vida.

Nací en una familia tradicional, de clase media alta, en la cual las emociones y corazones rotos se curaban con objetos o, en su defecto, dinero. Tuve una infancia regular, fui un niño amado por mi abuelo, mamá y papá, en ese orden. Cuando mencioné que regular fue porque no todo fueron objetos de valor, juguetes o buena ropa, también fueron rechazos, golpes e insultos de parte de un papá que me daba lo mejor que me podía ofrecer (hasta hace poco lo entendí).

Mi consumo empieza justamente por imitar a mi héroe y verdugo, mi papá; toda mi corta vida lo vi fumando y trabajando, empezó como cargador de una compañía de refrescos y terminó con una empresa de seguridad privada, con algo de poder en sus buenos tiempos, y eso explica por qué fue mi héroe, lo veía tan tranquilo y a la vez duro mientras fumaba sus cigarros, que yo tenía la necesidad de sentirme poderoso como me lo hacía creer mi padre.

A los 12 años entré a la secundaria, conocí a los que fueron mis peores enemigos, pero que yo consideré mucho tiempo como mis mejores amigos, empecé probando la cerveza con mi mejor amigo, guiado por su hermano mayor, al cual yo le tenía respeto y admiración, ya que se comportaba de alguna manera como mi padre, pasó el tiempo tan rápido que cuando me di cuenta ya estaba en 3ro de secundaria, y para ese entonces ya había probado la mayoría de las drogas ilegales, exceptuando algunas que yo consideraba “peligrosas” o de “nacos”. A los 15 años viví mi primer intento por dejar las sustancias, no funcionó, a los 16 tuve mi primer choque de auto, pérdida total, golpes físicos leves, en ese momento me sentí inalcanzable y poderoso, justo como “era” mi papá.

A los 18 años incrementé mi consumo de alcohol, tabaco y cocaína, a los 19 ya era adicto a todas esas sustancias, a los 20 tuve el peor y más trágico accidente de auto, en el cual me encontraba ebrio, sedado por las drogas y herido emocionalmente por la vida que me tocó y no pude agradecer.

Dos días después desperté en una cama, no recuerdo, hasta la fecha, si fue en la del hospital o en la de mi casa, lo que sí recuerdo es que mi madre estaba justo a mi lado llorando y destruida por dentro, viendo en lo que me había convertido, recuerdo que sus únicas palabras fueron: “necesitas ayuda, no te voy a dejar solo y te tienes que internar”, la culpa me hizo decir que sí, pero mi enfermedad me quería seguir consumiendo.

Llegué a la comunidad con la idea de que estaba muy chico para estar en rehabilitación, que yo no tenía un problema como el de todos esos adictos que me vieron cruzar el portón de lo que ahora es y considero como mi alma mater. Tengo que ser honesto, estar en la comunidad terapéutica de Fundación Casa Nueva es lo peor que me ha pasado, porque me tuve que enfrentar a mí mismo, a mi irresponsabilidad, a mi falta de disciplina, a mis dolores del alma y a mi propia enfermedad incurable; a los dos meses quise irme porque no soportaba recordar todo el daño que me hicieron, que hice y que tenía que reparar, mi terapeuta y mi grupo me convencieron de quedarme, me ayudaron y me dieron fuerza para seguir hablando de lo que me dolía y de lo que me quemaba por dentro, hablé y hablé, lloré y lloré todo lo que el tiempo de estancia me permitió, eso y el trabajo de cambio de conducta me ayudaron a que pudiera tener conciencia de que soy un adicto, al igual que los que me vieron cruzar ese portón.

Hoy tengo 10 años sin consumir ni una gota de alcohol o droga. No miento, se me hizo eterno el primer año, lleno de dudas, lleno de inseguridades, cosas que tuve que manejar en mi terapia, cosas que seguían doliendo y quemando por dentro, pero valió la pena, valió el dolor y la espera, hoy estoy de pie, sigo cuidándome y ahora me toca cuidar a otros adictos que buscan lo que yo encontré en Casa Nueva.

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