Resistencia a antibióticos, un problema creciente.

Por el Dr. Miguel Ángel Guagnelli

Endocrinólogo Pediatra

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Cuando era pequeño, ocasionalmente llegaba a tener un resfriado más fuerte de lo habitual, y mi mamá me llevaba con un médico que me prescribía inyecciones de penicilina o a veces de ampicilina. Con cinco días de piquetes todo se resolvía, ya sea porque efectivamente el antibiótico hacía efecto o porque con tal de que no me inyectaran más, y evitar el temible “prepárate y ponte flojito” de mi madre cuando me iban a inyectar, yo me curaba solito.

Esa penicilina descubierta por Alexander Fleming en 1929, y que cambió la faz del mundo al producirse en cantidades industriales a finales de los años 30, hoy está casi olvidada. Muchos de los antibióticos que le siguieron, como las sulfas o la ampicilina, también tienden a caer en el olvido, mientras que cada vez llegan a sitios de noticias más notas acerca de “superbichos” o “superbacterias”, resistentes a todos los antibióticos conocidos. En mi práctica cotidiana es bastante común encontrar que infecciones de vías urinarias, relativamente sencillas, son resistentes a la mayoría de los antibióticos comúnmente utilizados para tratarlas y, por lo tanto, es necesario realizar un cultivo para determinar no sólo el tipo de bacteria que la está causando, sino a qué antibióticos es resistente (con los cuales no muere el microorganismo) y a cuáles es susceptible (con los cuales sí muere y por lo tanto se pueden utilizar).

En los últimos años, numerosas agencias de salud gubernamentales y entidades independientes nos han advertido sobre este fenómeno.

Por ejemplo, en febrero de 2018 en una reunión global de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en Bangkok, se hizo una advertencia sobre los altos niveles de resistencia antimicrobiana. En su página (http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/resistencia-a-los-antibióticos) se advierte lo siguiente:

  • La resistencia a los antibióticos es hoy una de las mayores amenazas para la salud mundial, la seguridad alimentaria y el desarrollo.
  • La resistencia a los antibióticos puede afectar a cualquier persona, sea cual sea su edad o el país en el que viva.
  • La resistencia a los antibióticos es un fenómeno natural, aunque el uso indebido de estos fármacos en el ser humano y los animales está acelerando el proceso.
  • Cada vez es mayor el número de infecciones —por ejemplo, neumonía, tuberculosis, gonorrea y salmonelosis— cuyo tratamiento se vuelve más difícil, debido a la pérdida de eficacia de los antibióticos.
  • La resistencia a los antibióticos prolonga las estancias hospitalarias, incrementa los costos médicos y aumenta la mortalidad.

Así que no es simplemente cambiar una receta para una infección, es un fenómeno global que toma un aspecto preocupante.

Evolución en acción

Como lo dice el texto de la OMS, la resistencia a los antibióticos es un fenómeno natural. ¿De qué se trata eso? Los microorganismos, particularmente las bacterias, son sobrevivientes en muchos sentidos de la palabra. Fueron las primeras formas de vida que habitaron el planeta, y se han encontrado en sitios impensables, como agua a más de 70 °C o medios lo suficientemente ácidos para disolver cualquier otro tipo de materia orgánica, y sin embargo ahí están. También significa que pueden adaptarse para sobrevivir a una gran cantidad de medios adversos. Los antibióticos que usamos en buena medida proceden de la naturaleza: muchos hongos compiten con bacterias por la materia orgánica en descomposición en suelos y sitios como bosques o selvas, de ahí que sea una ventaja producir sustancias que erradiquen a las bacterias. Esas mismas sustancias que producen los hongos, los humanos las hemos depurado y utilizado a nuestro favor como antibióticos, y salvado miles de vidas con ellos. Pero las bacterias no hubieran sobrevivido millones de años si no supieran defenderse también, y tienen la capacidad de sobrevivir a ellos generando mecanismos de protección. Por eso, el simple hecho de usar los antibióticos ha contribuido a crear especies resistentes. Ejemplo: Durante una cistitis (infección de la vejiga) un mililitro de orina puede contener más de 100,000 bacterias. Al tomar correctamente un antibiótico se erradicará el 99% de ellas, es decir, sobrevivirán alrededor de 1,000, que por sí mismas desarrollaron algún mecanismo de resistencia para no ser susceptibles al antibiótico que se administró.

Algunas de ellas se eliminarán y tal vez sobrevivan fuera del cuerpo, pero el resto serán controladas por el sistema inmune, y generalmente la infección se controlará. Pero si no se toma adecuadamente el antibiótico, tal vez la erradicación no será del 99%, sino del 75%, lo cual deja 25,000 bacterias resistentes, que ya no serán susceptibles a dicho medicamento. Con tal cantidad de bacterias, es menos probable que el sistema inmune logre controlar la infección, por lo que probablemente habrá una recaída.

“Los antibióticos no son automáticos”

A mayor uso de antibióticos, será más frecuente la resistencia en una población, y será necesario emplear cada vez antibióticos más potentes para diferentes infecciones. El problema principal surge cuando los empleamos para eventos en los que no son necesarios; por ejemplo, más del 90% de las infecciones respiratorias en niños y 75% en adultos son causadas por virus. Los virus son más pequeños que las bacterias y no se ven afectados por los antibióticos. Causan fiebre, tos y otras muchas molestias que quisiéramos ver desaparecer de inmediato, pero por su naturaleza viral no requieren un tratamiento antibiótico. Lo mismo pasa con las gastroenteritis, puede haber fiebre, diarrea, malestar general, dolor abdominal, pero el 95% de este tipo de infecciones, en niños y adultos, cede antes de 7 días sin el uso de antimicrobianos, salvo cuando se trata de evacuaciones con sangre (disentería), lo que requiere otro tipo de tratamiento.

Sin embargo, es bastante común que los padres pidan antibióticos para sus hijos en una gran cantidad de situaciones en las que los niños presentan fiebre; o es frecuente que como adultos solicitemos al médico que nos prescriba antibióticos para quitar los síntomas. Y esto pasa en muchos sitios del mundo, en 2009-2010 el gobierno de Francia, un país que tiene cobertura de salud universal, hizo una gran campaña en medios, llamada “Los antibióticos no son automáticos”, para disminuir la petición de antibióticos a los médicos por parte del público. Se vieron en la necesidad de invertir en ella debido a la alta demanda de prescripciones de antibióticos y por los altos niveles de resistencia a los mismos, particularmente en hospitales, pero también en la población general. Probablemente necesitaríamos hacer una campaña de concientización en nuestro país para el mismo tema, ya que, aunque desde 2009 se requiere receta para comprar antibióticos, se siguen prescribiendo demasiados, y frecuentemente de forma poco racional.

¿Qué podemos hacer?

Como padres y como adultos es importante tener presente lo que escribí antes, que una proporción muy alta de las infecciones de vías aéreas son virales y no requieren antibióticos. La presencia de fiebre o moco verde no es igual a necesidad de antibióticos, lo mismo que la diarrea tampoco significa que sea necesario tomarlos. Si bien hoy en día es necesario contar con receta médica para su venta, y ante un cuadro de fiebre en niños es recomendable que si no cede en 48 horas o si hay datos de un cuadro que progresa rápidamente, y sea valorado por un médico, es válido abrir la conversación sobre la pertinencia del antibiótico. Y si es necesario, entonces cumplir cabalmente con los días que es prescrito, ya que, como mencioné, el no completar el tratamiento también es un factor que aumenta la resistencia a los antibióticos.

Para saber más:

https://www.cdc.gov/antibiotic-use/community/sp/about/antibiotic-resistance-faqs.html

http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/resistencia-a-los-antibi%C3%B3ticos

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