Miles de millones de bacterias PROBIÓTICOS y PREBIÓTICOS.

Sophia Casab / Nurióloga clínica

sophienutricion@gmail.com

Durante la última década se ha llevado a cabo una extensa investigación y, por ende, difusión a nivel mundial, acerca del papel de los probióticos en la salud intestinal y su posible papel en el bienestar general, de manera tal que es frecuente escuchar en la publicidad, y leer en las etiquetas, cifras que nos sorprenden por su magnitud: miles de millones…

¡En verdad suena impresionante! No obstante, la pregunta en cuestión es: ¿sabemos exactamente qué son y para qué sirven los probióticos?

Pues bien, he aquí una breve explicación: Los seres humanos albergamos en nuestro tracto gastrointestinal (desde la boca hasta el recto) un aproximado de cien billones de bacterias de 400 especies distintas, que en conjunto pueden llegar a pesar entre 300 y 600 gramos. La colonización comienza desde que nacemos; dos vías principales son el canal de parto y al alimentarse. La diversidad (no así cantidad necesariamente) de bacterias es diferente en los niños nacidos por cesárea o parto vaginal, y los alimentados con sucedáneos de leche materna o alimentados al seno materno.

Posteriormente, y a medida que el niño crece, adquiere los microorganismos benéficos y patógenos de su entorno particular, creando un hábitat único donde residen en un fino y frágil equilibrio, una simbiosis que puede alterarse debido a la toma de ciertos antibióticos, fármacos o ingesta elevada de patógenos, ya sea del agua o de alimentos contaminados, manifestándose así una infección y, por ende, un desbalance.

Ahora bien, es importante resaltar que a lo largo del tracto gastrointestinal se pueden observar diferencias en las poblaciones y especies de levaduras y bacterias, debido, entre otros factores, a la acidez o alcalinidad, siendo unas capaces de sobrevivir en un medio ácido y morir en uno alcalino y viceversa.

Por ejemplo: en la cavidad oral, el lugar principal donde adquirimos todo tipo de microorganismos, residen bacterias adaptadas a este medio como la Streptococcus mutans, una de las responsables de la caries dental.

En el estómago, debido a su gran acidez, encontramos menores cantidades que las contabilizadas en el resto del tracto, aunque es frecuente una bacteria llamada Helicobacter pylori (resistente a la acidez), que puede causar úlceras.

Por otra parte, el duodeno e intestino delgado son alcalinos, debido a la bilis y a los jugos pancreáticos. Una bacteria capaz de resistir este ambiente es la Salmonella enteriditis. En este tramo podemos enumerar alrededor de diez mil bacterias por mililitro.

Por último, en el colon o intestino grueso se han llegado a sumar más de cien millones por gramo de materia fecal.

Pues bien, al conjunto de las diferentes especies de bacterias patógenas y benéficas se les define como microflora, predominando las que viven sin oxígeno.

Alrededor de los dos años de edad la microflora personal se estabiliza y equilibra, permaneciendo casi constante a lo largo de la vida, brindando beneficios como la síntesis de vitamina B12 y vitamina K en colon, la fermentación de los hidratos de carbono no digeribles (fibra insoluble), la producción de ácidos grasos de cadena corta (ácido butírico, propiónico y acético) entre muchos más.

Con respecto a la pregunta formulada, usaremos la definición del Consenso mexicano sobre probióticos en gastroenterología: “Los probióticos son microorganismos vivos, que cuando se administran en cantidades adecuadas, confieren un beneficio para la salud del huésped”.

Para ser definidos como probióticos deben ser capaces de sobrevivir al ácido estomacal y a la bilis, aumentar la resistencia a la colonización nociva, normalizar la microbiota intestinal alterada, promover la exclusión competitiva de patógenos, aumentar la producción de ácidos grasos de cadena corta, regular el tránsito intestinal e incrementar el recambio de los enterocitos (células intestinales).

Por lo tanto, no todas las bacterias ni levaduras pueden ser consideradas como probióticos. Es importante hacer hincapié a este respecto, ya que de todos los géneros y especies conocidas sólo algunas han sido estudiadas con profundidad y reúnen las características mencionadas.

Si bien es cierto que se han realizado grandes avances que se encaminan a la comprensión de la microbiota que “vive” en nuestro cuerpo, y su posible rol en el alivio de ciertas afecciones, como la recuperación después de infecciones intestinales o posterior a la toma de antibióticos, falta mucho por investigar ya que, de acuerdo a Sabina Fijan, aunque la mayoría de los probióticos que se prescriben en la actualidad son considerados como seguros y benéficos para individuos sanos, se debe tener precaución al seleccionar y monitorear estos en ciertos pacientes, y evaluar el riesgo-beneficio antes de prescribirlos.

Siempre, antes de tomarlos, hay que consultar al doctor o nutriólogo para saber la cantidad y frecuencia adecuada, dependiendo de la necesidad individual.

Recordemos que una dieta equilibrada, suficiente, completa, inocua, variada y adecuada para cada tipo de persona, es de gran ayuda para mantenernos sanos y alimentar con prebióticos la microbiota ya existente, ayudando a que esta simbiosis siga siendo perfecta. Después de todo, pensemos que tenemos diez veces más bacterias que células, y la mayor parte se encuentran en el tracto gastrointestinal.

Algunos de los probióticos más estudiados son las especies o subespecies de los siguientes géneros de bacterias:

Lactobacillus

Lactobacillus bulgaricus y Lactobacillus plantarum

Bifidobacterium

Bifidobacterium longum y Bifidobacterium infantis

Saccharomyces

Saccharomyces boulardii

Enterococcus

Enterococcus durans

Streptococcus

Streptococcus thermophiles

Leuconostoc

Leuconostoc mesenteroides B7

Bacillus

Bacillus subtilis

Lactococcus

Lactococcus lactis subsp. Lactis CV56

Pediococcus

BIBLIOGRAFÍA

1)         Fijan, Sabina. “Microorganisms with Claimed Probiotic Properties: An Overview of Recent Literature”. International Journal of Environmental Research and Public Health 11.5 (2014): 4745–4767. PMC. Web. 23 June 2018.

2)         Sanders M. E., Akkermans L. M. A., Haller D., et al. Safety assessment of probiotics for human use. Gut Microbes. 2010;1(3):164–185.

3)         M. A. Valdovinos, E. Montijo, A. T. Abreu, et al. Consenso mexicano sobre probióticos en gastroenterología. Rev, Gastroenterol. Mex 2017;82:156-78- Vol 82 Núm. 2 DOI 10.1016/j.rgmx.2016.08.004.

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5)         F. Guarner, J. R. Malagelada. La flora bacteriana del tracto digestivo. Gastroenterol Hepatol. 2003;26 Supl 1:1-5, Vol 26 Febrero 2003.

6)         International Probiotics Association. IPA guidelines to qualify a microorganism to be termed as “probiotic” URL:  http://internationalprobiotics.org/wp-content/uploads/IPA-guidelines-to-qualify-a-microorganism-as-probiotic-revised-aug-2017.pdf

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