Más allá de una moda… Yoga una disciplina que toca el alma.

Por M. H. Espinosa

Hoy en día es cada vez más común ver gimnasios que ofrecen clases de Yoga, vemos estilos infinitos de tipos de Yoga: Bikram, Power, Ashtanga, Hatha, Kundalini, Qi Flow, Vinyasa, etc., en un aparente concurso por tener el nombre más exótico posible. Al salir de vacaciones nos enteramos al registrarnos en el hotel que las clases de Yoga son gratuitas para los huéspedes, y palabras como “Namaste” y “Détox” se vuelven parte de la conversación en las escuelas y oficinas. Se calcula que la industria de Yoga mueve 30,000 millones de dólares anualmente, y se estima que 500 millones de personas practican diario algún estilo de Yoga en el mundo. Sin embargo, para las personas que nunca han intentado alguna corriente de esta milenaria disciplina, los motivos para acercarse a esta práctica parecen superfluos y banales. La popularización de esta práctica ha producido una mala concepción de lo que la práctica de Yoga es en su forma más purista. El enfoque más popular es ver la práctica de Yoga como una forma de bajar de peso y subir el tono muscular, al tiempo que se medita en la paz mundial, sin un interés real por las verdaderas sutilezas de este sagrado arte. Es por ello que en este artículo vamos a explorar 10 razones de fondo para iniciar tu camino en Yoga, dejando fuera los aspectos estéticos de la práctica.

Curar melancolía y ansiedad

La práctica de Yoga debe realizarse en atención plena en el momento presente, lo que los budistas llaman “atención correcta”, o en palabras más modernas “Mindfulness”. La mente debe estar quieta en el momento presente, sin divagar pensando en el pasado o el futuro, sólo así es posible iniciar la clase de Yoga. Normalmente estamos acostumbrados a permitir que nuestra mente brinque de pensamiento en pensamiento, como un monito que brinca entre las copas de los árboles de un bosque; esto nos lleva a estar distraídos pensando en cosas que no tienen nada que ver con el momento presente. En Yoga se dice que permitir que la mente se fugue continuamente al pasado es la causa principal de la melancolía, mientras que pensar continuamente en el futuro nos causa ansiedad. Añorar continuamente un momento pasado va llenando el cuerpo de tristeza y depresión, que a su vez con el tiempo se puede convertir en una enfermedad; mientras que estar anticipándonos a los momentos del futuro, que aún no están aquí, nos hace parecer el conejo de Alicia en el País de las Maravillas, lleno de ansiedad y alguna que otra patología cardiaca. La práctica de Yoga inicia aquí, aprendiendo a controlar el pensamiento. Uno de los grandes Gurús de Ashtanga solía decir: “Yoga es aprender a controlar la mente por medio del pranayama (ejercicio de respiración), lo demás es sólo doblarse”

(K. Pattabhi Jois, 2000).

Cultivar “Ahimsa”, la no violencia

Dentro de la filosofía tradicional de Yoga existe un concepto de infinita belleza que es “Ahimsa”, o la no violencia. Este concepto está aquí para guiar las acciones de los yoguis y yoguinis, buscando siempre la resolución pacífica de todo conflicto, pero esto es sólo la superficie de este concepto. Los grandes gurús explican que la no violencia debe ser una actitud interior, que con el tiempo se debe ver reflejada en el exterior. Como mexicanos sabemos de primera mano qué es la violencia, vivimos en un país de desaparecidos y guerras de narcos, lleno de dinámicas de abuso y extorsión.

Lo que aún no hemos logrado hilar es que toda esa violencia que vemos en las calles tiene una contraparte interna que nos habita. Toma un momento para reflexionar todas las veces que tú has sido violento con tu propio cuerpo, con tu salud, con tu paz mental. Trata de hacer conciencia de todas esas acciones auto-destructivas que son parte de tu rutina: fumar, beber, dormir mal y a deshoras, comer mal, procrastinar tu ejercicio, etc., y poco a poco vas a encontrar todos esos momentos en los que, en vez de tratarte a ti mismo con el mayor de los cuidados, ternura y amor, fuiste intolerante y grosero con tu propio cuerpo, con tus emociones y tu mente. Entrar a una clase de Yoga donde se cultive Ahimsa puede ser lo más patriótico que hagas en tu vida.

Replantear tus límites mentales y físicos

Uno de los grandes maestros de Yoga, B. K. S. Iyengar solía decir: “Para un yogui, el cuerpo es su laboratorio perpetuo de experimentación e investigación”. Cuando pones los pies en tu tapete de Yoga, e inicias tu práctica, se abre la puerta a uno de los trabajos más laboriosos que existen: conocerse a uno mismo a fondo. Por medio de esta experimentación individual lograrás conocerte a ti mismo a mayor profundidad, cada postura de equilibrio en clase refleja tu capacidad para encontrar el balance de la vida entre el reposo y el trabajo, el placer y el esfuerzo, cada postura de fuerza te deja ver cómo se comporta tu mente en situaciones difíciles, tu capacidad para tolerar y aceptar lo que es. Independientemente de que con cada clase tu cuerpo gana fuerza y flexibilidad, tú ganas un mapa mental de tus fortalezas y debilidades.

Renovación y rejuvenecimiento

Todas las clases de Yoga, sin importar el estilo, siempre concluyen con la misma postura: Savasana o postura del cadáver. Cuando estés en clase de Yoga y llegues a esta postura es muy importante que identifiques la maravillosa oportunidad que se encuentra a tus pies. Savasana es la postura de la renovación máxima, es una oportunidad para dejar ir o “matar” todo lo que ya no te sirve, es la gran postura para soltar lo que te daña. Paradójicamente es una de las posturas, en apariencia, más fáciles de ejecutar, el practicante sólo tiene que recostarse bocarriba con los ojos cerrados y permanecer así varias respiraciones. Es en esta inacción corporal que el verdadero trabajo de Yoga se hace realidad, cada vez que entras a Savasana tienes la oportunidad de salir como una persona nueva, como si al llegar a la clase de Yoga fueras un gusano de seda y Savasana fuera tu capullo de metamorfosis, para que al salir de clase seas una criatura completamente nueva.

Sanar un gran número de patologías

Dentro de las muchas frases que se recuerdan del gran guru Iyengar, destaca: “Si todo el mundo practicara Yoga, las farmacias tendrían que cerrar”  (Iyengar, 1999). En su libro “Luz sobre el Yoga”, Iyengar incluye un índice por padecimientos para sanar un gran número de enfermedades, vienen enlistadas las posturas a ejecutar y el orden en que deben ser ejecutadas, para lograr que el cuerpo recupere su balance natural. Desde gripas, pasando por esterilidad en hombres y mujeres, hasta padecimientos más severos, como deformidad en extremidades o desplazamientos de discos intervertebrales, Yoga tiene una respuesta para solucionarlo, es sólo cosa de que el gurú con el que tomes clase esté versado en los estilos de Yoga restaurativos.

Servir a tu comunidad

Uno de los pilares de la práctica espiritual de Yoga radica en entender el principio de la interdependencia de todos los seres. Se dice que no existe ilusión más grande en este mundo que la ilusión de la separación, todas las cosas que creemos que están separadas, en el fondo no lo están. Pensamos que existe una línea clara que nos divide como individuos únicos e irrepetibles del resto de los seres vivos, esta línea está marcada por nuestro ego, que nos hace pensar que estamos aislados del mundo y del resto de las personas. En una buena clase de Yoga descubrirás que todos los seres del mundo estamos unidos y nos pertenecemos unos a otros, entender nuestra profunda conexión con el cosmos modifica nuestra perspectiva de la vida y nos lleva a ponernos al servicio de la unidad.

Reaprender a respirar

Una persona adulta en reposo suele respirar de 12 a 20 veces por minuto, usualmente en inhalaciones y exhalaciones cortas, sin ningún tipo de pausa entre ellas, utilizando la capacidad pulmonar de manera ineficiente y mediocre. Por medio de la práctica de Pranayama, ejercicios de respiración que buscan llenar al cuerpo de energía, reconectarás con esta función de tu cuerpo y lograrás llenarla de atención plena, ejecutar tu respiración como un acto consciente, tranquilizante y reparador, y no como una función automática del cuerpo. Los grandes gurús llegan a bajar su ritmo de respiración a una sola respiración por minuto, o incluso una respiración en tres minutos, sin entrar en pánico y sin que el ritmo cardiaco se vea afectado.

Paz mental y emocional

Con el paso del tiempo la práctica de Yoga debe darle al practicante una sensación profunda de paz mental y emocional. Esta actitud nace después de años de práctica constante y continua, después de haber encontrado y sublimado las sombras y defectos que nos habitan, y que dan forma a nuestra personalidad. En palabras de Iyengar: “El Yoga es la llave dorada que abre la puerta a la paz, la tranquilidad y la alegría”. (Iyengar, 1999).

La búsqueda  de la Iluminación

Desde la perspectiva más purista y dogmática, el camino de Yoga es ante todo el camino de un guerrero en busca de la Iluminación; las personas que toman Yoga como camino espiritual buscan trascender su ego y convertirse en “Atman”, en otras palabras, buscan fundir su conciencia individual en el océano de la conciencia universal, ser Budas vivientes. Lograr esta Iluminación es la gran meta final que supone el cese de todo sufrimiento y el fin de Samsara, la rueca de las reencarnaciones. Cuenta la leyenda que las personas que inician su camino en Yoga, y no logran iluminarse en esa vida, quedan atadas a seguir intentándolo por medio de Yoga en sus siguientes encarnaciones.

Estar listo para el momento de la muerte

En algunos estilos de Yoga, como Kundalini Yoga, se enfatiza que el practicante hace Yoga en preparación para el momento de su muerte. Todos vamos a morir en algún momento, por lo que estar preparado es sumamente aconsejable. En Yoga se cree que la raíz de todos los miedos que experimentamos son sólo una máscara de nuestro verdadero miedo, que no es otra cosa que miedo a la muerte. Los practicantes deben mantener en mente que las almas están de visita en este mundo, y que tarde o temprano deben regresar a su lugar de origen, esto no debe ser causa de miedo, por lo contrario, debe ser experimentado como un momento de gozo y trascendencia.

A manera de conclusión es necesario señalar que, si al asistir a un grupo de Yoga de manera continua el profesor no menciona en clase este tipo de aspectos más sutiles y profundos, y sólo está enfocado en las Asanas o posturas para que “quemes grasa” o para que “te pongas bien marcado”, sería aconsejable buscar un maestro más competente.

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