Madre tierra: nuestro papel como mamás en su cuidado y conservación.

Por Helga Caballero Q.

Desde la antigüedad las deidades femeninas siempre han estado relacionadas con la fertilidad y con la naturaleza. La palabra naturaleza, de género femenino, viene del latín natura y a su vez deriva del verbo nasci que significa nacer. Las mujeres somos las que engendramos la vida, y en diversas culturas la figura femenina está relacionada con el origen y mantenimiento del mundo vivo.

Para los griegos, Artemisa fue la diosa de los animales silvestres, el terreno virgen y los nacimientos; en la cultura India se presenta el concepto de la Tierra como diosa madre; en la mitología vasca existía la figura de la diosa Amalur (en lengua vasca, literalmente “madre Tierra”); en las culturas de América del Sur rinden culto a la gran deidad Pachamama (“madre Tierra”); y en la cultura mexica Chicomecóatl era la diosa de la subsistencia, de la vegetación y también de la fertilidad.

Las mujeres somos pieza clave para la vida. Somos el sustrato fértil donde un nuevo ser crece y lo protegemos, desde su momento más vulnerable, hasta que lo vemos partir independiente con nuestros propios ojos. Somos invitadas especiales como testigos de las primeras experiencias sensoriales de nuestros hijos, sus primeros sabores, olores, texturas, formas, colores y sus primeros pasos. Somos quienes les presentamos las maravillas de la naturaleza como el agua, las flores, las nubes y los animales; somos sus guías de campo en sus primeras expediciones al jardín, y en nuestra memoria quedan sus expresiones hermosas de asombro y curiosidad.

Así, la mujer es ingrediente primordial en la receta para preservar la vida, y de alguna forma, en nuestro rol como mamás, debemos considerar el inculcar el amor, el respeto y el cuidado de todas las formas de vida que existen y con las que compartimos este mundo. Asimismo, podemos aprovechar esa inclinación instintiva y natural de nuestros niños por admirar las maravillas de nuestra Tierra viva. El cuidado de nuestro planeta es responsabilidad de todos, pero la mujer, en su papel de co-creadora y dadora de vida, cumple un rol esencial en inculcar y favorecer la apropiación y difusión de valores, que lleven a desarrollar hábitos en nuestros hijos a favor del cuidado de nuestro entorno.

Es en el hogar donde enseñamos lo que es el respeto y el amor hacia nuestros seres más cercanos y, de la misma forma, es en el hogar donde debemos inspirar en nuestros hijos el aprecio, la valoración y el cuidado de la naturaleza y de cada uno de los seres que formamos parte de ella.

De la misma forma en que amamantamos amorosamente a nuestros hijos dando toda nuestra energía y lo mejor de nosotras, la naturaleza nos alimenta siempre, y lo hace sin esperar nada a cambio, sin esperar ningún tipo de satisfacción ni deseo, más que el de permanecer para seguir sosteniendo la vida.

Te invito a protagonizar este papel de guía familiar en nuestro reencuentro y revaloración de la naturaleza, que además de darte satisfacción personal, te dará y nos dará a todos un mejor planeta en cual seguir viviendo.

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