La sabiduría popular: Dichos

Por la Maestra Bibiana Cadena

Es indiscutible que los dichos populares forman parte de nuestro acervo cultural mexicano; son verdades profundas e irrefutables. Obviamente dependerá en gran medida de quién nos los diga. Son una forma de evangelizar a las generaciones más jóvenes, quienes serán las responsables de traspasar la frontera del tiempo. Es un juego de verdad con humor, que al mexicano nos simplifica las palabras, las explicaciones inútiles y los “rollos mareadores” para hacer entender un punto de vista tan lógico y simple como una verdad absoluta. Son metáforas de la realidad que representan un canal de comunicación creativo, sencillo, simpático, directo.

Son verdades como la misma filosofía, cuyo fin es la búsqueda de la verdad, así como los múltiples filósofos de la antigüedad que se planteaban la verdad como la afirmación de cierta realidad y de hechos. Aquí los sabios maestros son los adultos, los adultos mayores, y son la gran fuente de información de los dichos; ellos que con su experiencia encuentran la verdad en lo vivido, en los errores y en los aciertos. No importa si eres letrado, acaudalado, etc. La verdad aflora de la vida misma, de los pueblos, de las ciudades, de los barrios, de todas partes.

Es fácil el procedimiento, solo sueltas un dicho en el momento adecuado y “bum”, lo que muestras es certeza, inteligencia y un dejo de sentido del humor

Parece increíble lo que generan en el espectador: sonrisas, entendimiento y empatía. Y si el objetivo es comunicar un cierto punto, pues lo logran magistralmente. Son un reflejo de nuestra sociedad, de lo que fuimos, de lo que somos y en muchos casos de lo que seremos. Forman parte de nuestra identidad, la que por más golpeada que esté se ríe de sí misma, se ríe de las tragedias y de la muerte misma.

La gran pregunta: ¿Por qué sobreviven al tiempo?, porque el mexicano sobrevive a todo, porque son atemporales, porque la misma supervivencia de nuestra sociedad los hace inmortales.

Es una delicia escuchar un buen dicho, ese que te hace detenerte para analizarlo, que te hace repetirlo en el momento para no olvidarlo y adoptarlo como una verdad de vida; es imposible no sorprendernos cada vez que los tenemos enfrente.

“El que conoce,  reconoce”

A pesar que las nuevas generaciones no se detienen a pensar en ello, debido a la inmediatez de la vida y a la tecnología, también los alcanza. Una madre enojada bien les dice:

“A quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija”

“No todo lo que brilla es oro”

Existen infinidad de dichos, según la geolocalización, por estado, ciudad, barrio, etc. Pero todos fantásticos.

Los que te enseñan la importancia de convivir con alguien para conocerlo:

“Vive con Inés un mes y me dirás quién es”

Si te cansas cuando te presumen:

“Cansada de lo bueno, me río de lo regular”

Para cuando prefieres no caer en críticas de los hijos de los demás:

“El que tiene niño en cuna, que no dé voz ninguna”

Si vas a enfatizar el valor de la amistad en ambos sentidos:

“Pa´ tomar de la ollita hay que dar de la cazuelita”

El infalible para no juzgar:

“No hay quien escupa al cielo que en la cara no le caiga”

De épocas de Frida Kahlo:

“Mujer con bozo, culo sabroso”

Cuando hay que reconocer que no eres perfecto:

 “Al mejor cazador, se le va la liebre”

Sólo de nombrarlos me arrancan la risa, pero reconozco la profundidad de cada uno de ellos, lo importantes y adoctrinadores que son.  Hay característicos de la revolución mexicana, de la época colonial, en fin de cada época significativa.

Ojalá y la globalización, la tecnología y las redes sociales no olviden los dichos, ya que, si mueren, gran parte de nosotros morirá.

En lo personal, mi abuelo que nació a finales de 1800 tenía un dicho para cada situación, lo que para mí lo hacía más sabio, simpático y amable. Es por lo que ahora digo:

“Honor a quien honor merece”

“Hijo de tigre, pintito”

 

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