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El segundo matrimonio

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Muchas parejas actualmente están tomando la decisión de separarse o divorciarse. Los esquemas socioculturales de nuestro país están en transición y esta puede ser una alternativa positiva a una relación abusiva o en la que existen diferencias irreconciliables. Es entonces cuando surge la posibilidad de encontrar a una nueva pareja y formar un segundo matrimonio; las combinaciones en este escenario son variadas: que un divorciado se case con una soltera, que dos divorciados se casen entre sí, que un viudo se case con una divorciada, etc.

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Cada una de estas circunstancias tiene sus particularidades, pero en general podríamos decir que existen comunes denominadores como el miedo:

✔ A un nuevo rompimiento

✔ A entregarse y ser lastimado nuevamente

✔ A no ser aceptado por familia y amigos de la nueva pareja, especialmente en el caso de que haya hijos de las relaciones anteriores.

Es así como, ante una decisión de esta magnitud habría que hacer varias reflexiones y preguntarse cuestiones que puedan ayudar a tomar una decisión. ¿Por qué terminó mi relación anterior y cuál fue mi responsabilidad?, ¿qué errores no quiero volver a cometer?, ¿cómo me encuentro emocionalmente en la actualidad?, ¿qué aprendí de mi divorcio?, ¿cuáles son mis sentimientos cuando pienso en mi expareja?, ¿qué busco con esta nueva relación?, ¿por qué me quiero volver a casar?

Suponiendo que la pareja se ha detenido a hacer estas reflexiones, y que el resultado de ellas es que la motivación de unirse en matrimonio tiene que ver con un auténtico deseo de renovación, con darse una segunda oportunidad de construir una relación de pareja sólida, quizá podría ser buen momento para que la pareja conversara sobre los acuerdos básicos de convivencia, las normas básicas de relación entre ellos y con los hijos de cada uno en caso de que existan.

Es importante que siempre que se trate de la pareja se evite la fantasía de que el amor todo lo puede, porque no es así, y si pudiéramos hablar de algo verdaderamente indispensable, esto sería el diálogo. Con ello no se quiere decir que el amor no importe, sino que hay que ampliar los temas de conversación de la pareja, prever dificultades, preparar suficientemente la interacción entre el resto de los miembros de cada una de las familias.
Hay que hablar de lo que se desea, de lo que preocupa, de lo que inquieta, de la repartición de los gastos, de los límites de la relación con las familias de cada uno y de todos los aspectos posibles, con la mente y el corazón abiertos, sin hacer juicios, descalificar u opinar de forma apresurada.