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El carbón, ¿activado?

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Por Sophia Casab

Es lo nuevo, sí, pero ¿Es tan bueno como dicen?

¿Qué es el carbón activado, qué propiedades posee o le confieren para denominarlo “superfood”?

Los fabricantes, bloggers e influencers le confieren propiedades desintoxicantes, además de purificadoras. Se encuentra como ingrediente en dentífricos, mascarillas, limpiadores faciales, shampoo para el cabello, o jabón en barra, pastillas o en polvo, en el café, helados y bebidas.
El carbón es el producto de la combustión de la materia orgánica. Ha formado y sigue siendo parte importante del auge de las civilizaciones.

No se sabe con certeza cuándo se descubrieron sus múltiples usos, aunque antropólogos hallaron restos de alquitrán en lanzas de hace más de dos mil años a.C. El historiador romano Plinio, en “Historia Naturalis” menciona el uso del alquitrán (derivado del carbón) para preparar pintura o sellar barriles de madera. En Tebas, Grecia, un papiro describe el uso de carbón vegetal como absorbente en prácticas médicas (1,550 a.C.). Hipócrates, por su parte, lo recomendaba para filtrar el agua de malos olores y sabores.

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La descripción general del carbón es: “Roca de origen orgánico que se genera por la alteración física, química o biológica de los sedimentos a baja presión de distintos tipos de materia vegetal a lo largo de millones de años”. Conocemos tipos: turba, lignito, antracita, bituminoso y el vegetal.

El carbón activado se obtiene a partir del último. Es de elevada pureza, con una textura extraordinariamente porosa. Su estructura es similar al grafito. La “activación” consiste en “multiplicar” el área superficial e incrementarla hasta 300 veces. La diferencia radica en la disposición de los átomos.

La materia prima utilizada es la madera de pino, concha de coco, huesos de frutas, bagazo, carbón mineral bituminoso o residuos de madera.

El proceso para activarlo, en breve, es el siguiente: Se calienta el material al rojo vivo expulsando los hidrocarburos con poco aire. Posteriormente se expone a un gas oxidante, como dióxido de carbono, oxígeno o vapor de agua a altas temperaturas (800-1,100 °C) para formar los poros, eliminando una parte de los átomos de carbono.

Una vez obtenida la porosidad deseada se puede triturar o dejarlo granuloso.

Ya “activado” se utiliza para la eliminación de impurezas que causan color, olor, sabor, así como el cloro en el agua; para el tratamiento de aguas residuales, en piscinas, purificar el aire, mascarillas de gases, tratamiento de emisiones atmosféricas, etc.

En la industria de alimentos se utiliza para decolorar el azúcar, caramelo, vino, zumos o también vinagres.

En medicina se emplea una formulación de grado farmacéutico (generalmente con glicerol) para intoxicaciones agudas o por sobredosis de algunos medicamentos. No es eficaz para eliminar las sales de hierro o potasio, litio, etanol, metanol, etilenglicol, cáusticos, fluoruros, disolventes orgánicos, mercurio y sus sales, plomo y sus sales. Los efectos secundarios más frecuentes son las heces de color negro, dolor de cabeza, náuseas, vómitos y estreñimiento.
Después de haber descrito sus propiedades, no es difícil entender la razón por la cual la industria cosmética y la de alimentos lo promuevan como un producto con propiedades purificadoras.

En el caso de los dentífricos, la Asociación Dental Americana recomienda una alerta que es altamente abrasivo, podría dañar el esmalte de los dientes y contrarrestar la actividad del flúor. Asimismo, enfatizan que no hay suficientes estudios o ensayos clínicos bien diseñados que demuestren su inocuidad o las propiedades que se le adjudican.

Por otra parte, la FDA (Food and Drug Administration) emitió un comunicado, en el cual especifica que no existe, hasta el momento, su aprobación para el uso de esta sustancia en alimentos como aditivo o colorante. En el 2018, el Departamento de Salud e Higiene Mental de la ciudad de Nueva York, Estados Unidos, estableció su prohibición en comida y bebidas, catalogándolo como peligroso, sin suficiente evidencia científica o la aprobación de la FDA.

El argumento que algunas industrias exponen es que se considera “seguro” en dosis pequeñas por tiempos cortos, con la palabra “vegetal” en sus etiquetas para vender la idea de inocuidad para atraer al público vegano o vegetariano.

Las preguntas en cuestión son: ¿Qué cantidad es considerada como segura? ¿Por cuánto tiempo puedo tomarlo? ¿Puede en realidad “desintoxicarme”? ¿Cómo actúa en el intestino?
Nutriólogos y médicos coinciden en que el carbón activado puede absorber ciertos compuestos, por lo tanto, es muy alta la probabilidad de que también lo haga con algunos nutrimentos esenciales como potasio, calcio o algunas vitaminas. Su ingesta puede interferir con la efectividad de ciertas medicinas, anulando su acción al absorberlas. La eliminación total del intestino puede tardar y se corre el riesgo de que sedimente en las haustras del intestino grueso, causando irritación.

Si, como aseguran las marcas comerciales, no altera sabores, ¿por qué querría comer un alimento con carbón si no mejora el sabor? Si es para desintoxicarse, pregúntese de qué debe desintoxicar al cuerpo. Mejor coma lo más fresco posible, evite alimentos enlatados o ultra procesados. Si es por el color, utilice un colorante vegetal. Si desea blanquear sus dientes, hágalo de manera profesional, no se arriesgue.

Recuerde que cuando se trata de nuestra salud, siempre hay que asesorarse con el nutriólogo o con el médico.

Le dejo una pregunta al aire: ¿Cree usted que el carbón activado deba ser clasificado como alimento o más aún, como “superfood”?