Diabetes, grave problema de salud pública.

La diabetes mellitus es una enfermedad metabólica, cuya principal característica son los elevados niveles de azúcar (glucosa) en sangre. En una persona con diabetes, el páncreas no produce suficiente insulina, las células no responden de manera normal a la insulina, o en algunos casos, una combinación de ambas anomalías.

Los niveles altos de azúcar en la sangre están asociados con daños en diversos órganos y tejidos, por ejemplo, los ojos, la piel, los pies, los nervios, los riñones, el sistema inmunológico y la función sexual, por lo que es muy importante mantener la diabetes bajo control.

Los tres principales tipos de diabetes son:

La Diabetes Mellitus tipo 1 es aquella que afecta principalmente a niños y jóvenes. No están claras las causas, pero se sabe que ciertos factores genéticos o auto inmunitarios pueden incidir en la producción de insulina.

Diabetes mellitus tipo 2 que afecta en especial a adultos, sin embargo, cada vez son más los jóvenes, e incluso los niños, que la presentan, debido al actual estilo de vida, más sedentario y con hábitos alimenticios poco sanos, que favorecen el sobrepeso.

Diabetes Gestacional que afecta a mujeres embarazadas en etapas avanzadas de la gestación y suele desaparecer después del parto; estas pacientes y sus hijos tienen mayores posibilidades de desarrollar más tarde diabetes mellitus tipo 2.

La insulina es una hormona que se produce en el páncreas, y que actúa como una llave que permite que la glucosa (azúcar) de los alimentos que ingerimos pase de la sangre, a las células del músculo, la grasa y las células hepáticas, donde puede almacenarse o utilizarse como fuente de energía. Los alimentos con alto contenido de azúcar estimulan la producción de insulina, en una persona sana.

La diabetes, en cualquiera de sus tipos, debe ser controlada por un médico, quien recetará medicamentos adecuados según el caso y sugerirá un estilo de vida más saludable que incluye:

  • Elegir hidratos de carbono complejos, es decir cereales y granos integrales, que contienen mayor cantidad de fibra, lo que hace que la absorción de glucosa sea más lenta, sobre los hidratos de carbonos simples, como el azúcar, la miel o los jugos.
  • Elegir pescado, pollo o pavo sin piel, por encima de carnes saladas o grasosas.
  • Elegir leche descremada por encima de leche entera y limitar el consumo de grasas de origen animal, como manteca, crema, mantequilla o tocino.
  • Cocinar con poco aceite, prefiriendo mejor hornear, asar o hervir, en lugar de freír los alimentos.
  • Limitar el consumo de sal y los alimentos procesados.
  • Dividir la alimentación de un día en tres comidas fuertes y dos colaciones.
  • Limitar los postres, galletas y panes dulces.
  • Beber suficiente agua.
  • Hacer ejercicio y mantenerse delgado y tonificado.

 

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