Contribuyes al problema, contribuye a la solución

Otra ronda de peleas, estábamos agotados. Los meses se habían convertido en años, me miré en el espejo: desgastada, malhumorada, descuidada y encima desdichada. La posición de víctima buscando al culpable de esta encrucijada había variado, a veces víctima, y otras, victimario. En realidad, ambos cooperábamos enfáticamente al mantenimiento de los asuntos aparentemente insalvables. ¿Eran tan graves en realidad? ¿Cuándo decidimos que eran problemas? ¿En qué momento desvirtuamos las virtudes convirtiéndolas en defectos?

Detengo mi ira, la intuición toca a la puerta de mis emociones. Abro despacio con la esperanza de que decida dejarme en paz. No logro ahuyentarla con una larga espera.

–           Dime: En qué puedo servirte, querida intuición.

–           Roberta, habló la intuición y prosiguió: me conoces de siempre y trato de ser prudente, siendo como un suspiro que lentamente exhala el mensaje que sólo es perceptible para aquellos que desean un sabio consejo. Cuando el corazón alberga ira, tristeza, venganza o desesperanza, ensordece dejando que el ego domine.

El ego desea tener la razón, sin importar los medios para obtenerla, usando las falsas creencias, los insultos, la indignación y el chisme.

–           ¿Cómo llegaste a este punto?, descubre de qué forma contribuyes a tu infelicidad. Me preguntó si deseaba terminar las peleas y vivir en paz.

Mi respuesta no fue inmediata. Este hecho me sorprendió. ¿Acaso el conflicto daba sentido a la relación? Si desaparecía, ¿de qué hablaríamos?

–           Intuición ¿dónde estás?, guardé silencio para percibirla, se esfumó.

Continué con mis responsabilidades, la casa, el trabajo, los niños…

Me percaté de un cambio en mi percepción, pude mirarme desde lejos, como si otro Yo me observara. Desde ese punto lejano vi a una mujer de mediana edad, cansada, corriendo de un lado a otro sin cesar y sin rumbo definido.

Torneo de golf, qué barbaridad, ¿cuándo perdí el rumbo? Todos los días transcurrían de la misma manera, levantarse temprano, arrear niños, ducharme a toda velocidad, pelear por trivialidades con mi pareja, dejar a los niños en la parada del camión escolar, volar al trabajo…

Verdaderamente soy una persona rutinaria y aburrida, ¿cómo espero ser feliz si los momentos dichosos no son parte del plan? ¿Cuándo sustituí la risa por el juicio?

Recuerdo que tenía una amplia sonrisa que se complementaba con un destello en la mirada, la vida era ligera y siempre estaba al tanto de mis emociones.

La mala relación de pareja era parte de un problema mayor, era inminente ver el todo. Yo estaba en el centro del torbellino, lo generaba y mantenía como forma de vida.

Esa noche decidí introducir pequeños cambios, los cuales anoté para tenerlos presentes.

Si yo contribuía al problema, podía contribuir a la solución.

Cambios en la pareja

Lo primero fue invitar a mi pareja a tomar un café a un bello lugar junto al parque.

Le pedí perdón por mi mal humor e irritabilidad de los últimos tiempos.

Le dije: Amor, la rutina ha tomado lo mejor de nosotros, te invito a reinventarnos en el día a día.

Ponme otro apodo amoroso, robemos un beso en complicidad, introduzcamos el factor sorpresa cada semana con un detalle sencillo.

Detengamos los pleitos, te pido que cuando notes que la discusión es trivial y sube de tono, me tomes de la mano y que sea el contacto quien ayude a entrar la cordura en la relación.

Cambios de actitud y hábitos

Ajusté mi horario para dejar de correr y pensar en la falta de tiempo. Me acuesto una hora antes para despertar una hora antes.

Ahora, al despertar puedo acurrucarme un ratito con mi pareja, bañarme con calma, tomar un café y luego, con tranquilidad, despertar a mis hijos. Hoy me detengo junto a sus camas y puedo observarlos un momento dormidos y saborear ese instante.

Ya no grito y el tiempo ya no es el enemigo a vencer.

Dejé de decir: Niños apúrense.

La hora de la cena es sagrada y, entre todos, preparamos los alimentos. Charlamos sobre los sucesos del día y agradecemos lo vivido.

El mal humor e intolerancia en el tiempo fueron sustituidos por una vida tranquila, pegué en el refrigerador la siguiente frase:

Puedes hacer de tu mundo un cielo o un infierno, tú decides.

 

Psicoterapeuta Blanca Almeida

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www.blancaalmeida.com

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