Conoce al insecto cara de niño.

MVZ: Adriana Sánchez de la Barquera Gutiérrez.

Estos insectos, al igual que el gato negro, cargan un sinnúmero de mitos y creencias sobre sí mismos, y son seres considerados abominables en el inconsciente colectivo de nuestra sociedad, pero cuando nos detenemos un poco a observar y entenderlos mejor, se vuelven maravillosos.

El “Cara de Niño” es un habitante común de los jardines domésticos. Este bicho cabezón no es otra cosa que una especie de hormiga gigante inofensiva, de nombre científico: Stenopelmatus fuscus, orden al que pertenecen también los grillos, insectos hoja y chapulines.

Repito que son: INOFENSIVOS.

No poseen veneno como comúnmente se cree, se alimentan de raíces y habitan en toda América del Norte, donde son conocidos como “Potato Bug”, por ser comunes en los sembradíos de papas. También se les conoce como “Grillos de Jerusalén”.

En Canadá son parte de la cosmovisión india, y son simbolizados como muñecos corredores. Asimismo son encontrados en lugares como Nueva Zelanda, donde existen también otras variedades al borde de la extinción. En nuestro país eran llamados “Hormigas aztecas”.

El poder que tienen estos interesantes animales sobre el ser humano no deja de sorprenderme; que su sola presencia sea capaz de mover en nosotros emociones tan diversas no hace más que asombrarme.

El ser humano se cree el ser más omnipotente, arrogante, no tolera la presencia de otro ser vivo alrededor de él. Olvidamos que hemos invadido casi todo hábitat y depredado casi todo, creyéndonos amos y señores de toda criatura viviente.

¿Acaso estos animales no debieran ser merecedores de todo nuestro respeto, por el simple hecho de haber sobrevivido a las garras predadoras del ser humano durante tantos años, de manera tan majestuosa?

En lo personal siempre he creído que cualquier animal, por pequeño que sea, cuando se cruza en nuestro camino siempre trae un mensaje de aprendizaje profundo.

Una vez demostrada la inocuidad de los “terribles” insectos, deseo que las probabilidades de sobrevivencia de estos bichos ante el encuentro con el ser humano aumenten, y que no pasen a formar parte de la lista de especies amenazadas, como ocurrió con las que vivían en Nueva Zelanda.

La próxima vez que te encuentres con un Cara de Niño en tu patio o jardín, te invito a detenerte a mirarlo y a observar lo que mueve en ti: ¿miedo, angustia, desesperación, ansiedad?, y observa qué tantas emociones puede mover en ti el sólo observarlo y dejarlo ir, como nubes que pasan. Este es el principio de la tolerancia.

Te invito a que por un momento intentes ver a este insecto sólo como un pequeño habitante más del planeta que compartimos, y que al igual que tú o que yo, es capaz de sentir y de sufrir, que sólo busca ser feliz y vivir libre, y que al igual que cualquier ser vivo, caballo, gato, perro o cara de niño, todos somos iguales por dentro, aunque distintos por fuera.

 

 

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