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¿Por qué siempre queda un huequito para el postre?


¿Por qué siempre queda un huequito para el postre?

Seguro te ha pasado. Terminas de comer y sientes que ya no podrías dar un bocado más. Sin embargo, alguien ofrece una rebanada de pastel, un helado o un flan, y de pronto parece que sí queda espacio para el postre. ¿Es un simple antojo o realmente ocurre algo en nuestro cuerpo?

Los científicos llaman a este fenómeno saciedad sensorial específica. Significa que, mientras comes un mismo alimento, el placer que te produce su sabor, olor y textura va disminuyendo poco a poco. Como consecuencia, el apetito por ese alimento también disminuye y aparece la sensación de estar satisfecho.

Pero cuando llega un alimento diferente, con un sabor, aroma o textura nuevos, el cerebro vuelve a prestarle atención. Es como si recibiera un estímulo fresco que despierta nuevamente las ganas de comer, aunque el estómago ya esté casi lleno. Este fenómeno ha sido estudiado desde hace décadas por la investigadora Barbara J. Rolls, una de las principales expertas en comportamiento alimentario.

De acuerdo con investigaciones publicadas en las revistas científicas Appetite y Physiology & Behavior, esta respuesta pudo haber sido una ventaja para nuestros antepasados. Al sentirse atraídos por alimentos con sabores distintos, aumentaban las probabilidades de consumir una dieta más variada y obtener los nutrientes necesarios para sobrevivir.

Hoy, sin embargo, vivimos rodeados de alimentos muy apetecibles. Por eso, aunque ya estemos satisfechos con el plato principal, un postre puede volver a despertar el apetito y hacer que consumamos más calorías de las que realmente necesitamos.

Esto no significa que debas eliminar el postre. Disfrutarlo ocasionalmente puede formar parte de una alimentación saludable. Lo importante es saber que ese famoso "huequito" no suele aparecer porque el estómago haga espacio, sino porque el cerebro responde a un sabor nuevo.

Así que la próxima vez que sientas que todavía cabe el postre, recuerda que probablemente no sea tu estómago el que está hablando… sino tu cerebro.