19 de septiembre. Cuando México despertó .

Hoy es 19 de octubre del 2017. Me encuentro sentado frente a este monitor buscando las palabras que realmente quiero plasmar, pues hace exactamente un mes, la vida de todos nosotros dio un giro.

Hoy hace un mes, una tragedia nos sacudió, algunas personas perdieron la vida, algunos sus bienes materiales, otros se mantuvieron con miedo, algunos, al día de hoy, continúan viviendo las consecuencias, sin embargo, al mismo tiempo, esto que despertó tristeza, miedo y dolor, despertó algo más en la mayoría de las personas. Es probable que tú lo sintieras también; ese fuerte deseo de ayudar, esa urgencia por hacer algo por alguien, eso que hizo que te levantaras de tu sillón, o que despertaras de un aletargamiento que había estado ocupando tu vida; ese pequeño “despertar”, que te hizo voltear a ver a los demás y replantearte la vida.

Es así como una tragedia sacó lo mejor de nosotros, es sólo con la cercanía de la muerte que nos damos cuenta de la gran bendición que es la vida, qué es lo importante en ella, lo imprevisible y corta que puede llegar a ser.

A toda persona que pasaba por mi consultorio en esos días le preguntaba: ¿Qué fue lo primero que hizo, una vez que terminó el sismo? ¿Qué es aquello que quería hacer? Para la gran mayoría, yo incluido, era comunicarnos con nuestros seres queridos, esos seres que cobraron una mayor importancia ese día, no era terminar la jornada laboral o lograr un gran éxito ese día. El éxito estaba en encontrar a ese ser querido, fuera una madre, un padre, un hijo, el abuelo o la hermana. En ese momento la pelea de la mañana, el problema de calificaciones, la lentitud en el andar de tu madre, el chisme de hace unos días, el malentendido de hace unos años, todo ello dejo de ser importante; de repente nos dimos cuenta de qué era lo verdaderamente importante.

Dentro de esta experiencia tengo mucho que agradecer; conocí el México que siempre quise conocer, pude ver lo que podemos llegar a ser cuando no estamos sumidos en la inconsciencia y el egoísmo cotidiano. Como mencionaba una amiga en las redes sociales, “ahora cuando vayas por la calle, o en el transporte, puedes pensar que esa persona que tienes al lado, seguramente daría lo mejor de sí, a veces hasta su vida, por sacarte de unos escombros, por ayudarte”.

En esos días no importó la clase política, las preferencias sexuales, la religión profesada; por un momento México estuvo lleno de amor. Porque en cada desvelo de los brigadistas, en cada comida que llegaba a las zonas afectadas o albergues, en cada mensaje de ánimo, cada una de las acciones que guiaron nuestros pasos esos días, estuvieron llenos de amor. Aún ese insomnio y esas preocupaciones no eran más que el reflejo del gran cariño que le tienes a la vida y a tus seres queridos, y la gran preocupación de perder eso. Eso, querido lector, es amor, ¿pudiste verlo? ¿pudiste sentirlo?

En verdad no pude más que maravillarme y querer aportar mi propio grano de arena. Creo que algo nos llamaba desde el interior, eso que para los grandes místicos es uno de los estados más grandes y nobles que puede alcanzar un ser humano, la compasión, y no hablo de esa compasión desabrida que confundimos con lástima; hablo de ese verdadero y profundo deseo de mitigar el sufrimiento de mi “hermano” que la está pasando mal. Eso nos ayudó a entender que el sufrimiento de los otros es mi sufrimiento, y su felicidad mi felicidad. Eso nos curó de nuestra ceguera llamada egoísmo.

Hoy tenemos una gran oportunidad, podemos no darle la razón a todos aquellos que dicen que los mexicanos no tienen memoria; podemos decidir recordar, no el dolor y la tragedia, sino todo lo que aprendimos estos días, todo lo que vimos y vivimos en carne propia. Creo que enfrentamos un peligro aún más grande que cualquier sismo, corremos el peligro de olvidar, de regresar a ser los mismos que éramos.

Permíteme el atrevimiento de decirte algo; no necesitas un temblor ni ninguna tragedia para sacar lo mejor de ti; todos los días puedes hacer algo por alguien; todos los días puedes elegir recordar, cada día puedes dejar salir por un momento eso que refleja lo mejor de ti; tu gran potencial no está reservado para momentos de crisis; no pases la vida dormido; la vida ya nos sacudió; no necesitas una sacudida cada vez que olvides; sólo necesitas elegir recordar.

Recuerda siempre qué fue lo que descubriste que era lo verdaderamente valioso para ti. ¿Era tu esposa? ¿Tus hijos? ¿Tus padres? ¿Tus amigos? ¿Eso que tanto has postergado, pero deseas tanto hacer?

Y ahora permíteme darte las gracias, por tus desvelos, por tu esfuerzo, por tu preocupación, por esa cobija, por esa torta y el café caliente, por esas manos que levantaron escombros, por tus mensajes en las redes sociales, pero sobretodo, gracias infinitas por permitirme ver lo mejor de ti, por permitirte y permitirme despertar a lo mejor de ti, por llenarme de esperanza y amor, no puedo ni imaginar lo que este país, o incluso este mundo sería, si todos los días decidieras ser tú, si cada día recordáramos sólo un poco.

Por Eduardo López / Psicoterapeuta e instructor de Kung Fu, Tai Chi y Chi Kung médico / Centro Sukkha

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