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La pereza

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En todas las personas, en mayor o menor grado, existe una resistencia al esfuerzo, a generar energía, a seguir una disciplina con constancia.

Todos nos hemos visto invadidos, aunque sea en contadas ocasiones, por esta sensación de no querer movernos; esta resistencia, que surge cuando nos enfrentamos ante la necesidad de hacer algo, pero nuestro cuerpo y mente se encuentran en un estado de placer y comodidad que no queremos cambiar. Es a este estado al que solemos llamar pereza. Se ha vuelto una palabra de uso muy común para todos, tengo pereza, me da flojera, etc. En realidad, no reflexionamos mucho al respecto, simplemente la dejamos ser, es más, en muchas ocasiones lo declaramos con cierto orgullo, o usamos el término para justificar o disculparnos por algunas de nuestras acciones.

Un texto muy antiguo nos dice: Quien no se esfuerza cuando llega el momento de hacerlo; quien, aunque joven y fuerte es perezoso, aquel cuyos pensamientos son descuidados y ociosos, no ganará la sabiduría que lleva dentro. ¡Y es que vaya que dentro de nosotros existe un gran potencial y sabiduría, pero sin trabajar no nos será posible acceder a ello!

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Existen diversos tipos de pereza

Pereza de la holgazanería o pereza del apego

La más conocida es la que hemos mencionado con anterioridad; ese estado que todos conocemos muy bien, cuando nos encontramos en una posición cómoda, y la simple idea de movernos resulta atormentadora; esta pereza la denominaremos pereza de la holgazanería o pereza del apego.

Hay que tener cuidado, pues en algunas ocasiones el origen de esta clase de pereza puede ser una depresión, alguna tristeza o un desánimo interno, por lo cual no sentimos ese impulso a movernos. Después de todo, el movimiento simboliza vida. A veces esta pereza nos invita a reflexionar sobre asuntos a mejorar en nuestra vida, el antídoto para esta clase de pereza es el entusiasmo. Notarán que una persona entusiasmada por algún proyecto o situación es el total opuesto de esta clase de pereza; el entusiasmo no es solo para los momentos de trabajo o amor, el entusiasmo es una actitud en la vida.

Pereza de la falsa humildad

Al siguiente tipo de pereza la denominaremos pereza de la falsa humildad. Tal vez les suene la siguiente escena: entran a la casa y mamá está atareada cocinando, así que les pide un poco de ayuda y, en ese momento, responden algo como no puedo, es que yo no sé cocinar, tú lo haces muy bien, pero yo no sé hacerlo. O tal vez alguien, en algún momento, les pidió algún tipo de ayuda y ustedes se negaron, alegando falta de conocimiento o destreza en ese ámbito. Esta es la pereza de la falsa humildad, donde escondiéndonos bajo una apariencia de ignorancia o una aparente falta de habilidad, decidimos dejar de hacer alguna cosa; otro ejemplo sería: en realidad soy muy malo para la guitarra, no tengo destreza, creo que la dejaré. Una vez más hay que tener cuidado, pues podríamos estar haciendo simplemente lo más cómodo para nosotros o menospreciándonos e infravalorando nuestras aptitudes. Recordemos esta frase: si quieres hacerlo es fácil, si no quieres hacerlo es difícil. Cuando sentimos gran entusiasmo por alguna cosa ésta se convierte en lo más sencillo de realizar, pero cuando no tenemos ningún deseo de realizarla ésta se torna en lo más complicado. Es por lo que se nos dice: Si no te dedicas a lo que te gusta, al menos que te guste a lo que te dedicas.

Pereza activa

La tercera clase de pereza es muy interesante, pues choca con todos los conceptos que tenemos de la palabra pereza. La tercera clase de pereza es la pereza activa. Ésta consiste en abarrotar nuestra vida de actividades compulsivas, para no disponer de tiempo alguno para abordar todo aquello que importa realmente; si examinamos nuestra vida veremos cuántas actividades sin importancia, a las que llamamos responsabilidades, se acumulan para llenarla. La mayoría de las personas dicen que quieren dedicar tiempo a las cosas importantes de la vida, pero nunca tienen tiempo. Muchos dicen que lo más importante para ellos o ellas es la familia, y nunca están en casa; otros dicen que es importante darse un tiempo para realizar alguna actividad específica o descansar, pero lo dejan para después, un después que nunca llega. La vida no está en el futuro, está en el presente; el futuro es incierto y no sabemos si llegará.
Un gran antídoto para los tres tipos de pereza es el reflexionar sobre la muerte, crear la conciencia de que nuestra existencia es finita y el fin puede llegar en cualquier momento; el pensar así nos motiva a vivir cada día con entusiasmo, como decía un gran pensador: Planea como si fueras a vivir para siempre, pero vive como si fueras a morir hoy.

Eduardo López Hernández
Psicoterapeuta, instructor de Taichí y Kung Fu